Contenidos de este artículo:
Cómo internalizamos nuestro pasado
Como adultos, solemos tratarnos a nosotros mismos de la misma manera en que fuimos tratados en la infancia. Absorbemos los mensajes que nos llegaron de nuestro entorno y, con el tiempo, empezamos a dirigir esos mismos mensajes hacia nuestro interior. Si nos consintieron demasiado, podemos tender a justificarnos. Si nos trataron con dureza, es probable que nos convirtamos en nuestros peores críticos.
Sin embargo, no se trata solo de cómo nos trataron, sino también de cómo nos adaptamos a ese trato. Si un padre fue intrusivo, quizás aprendimos a construir muros emocionales. Si sufrimos negligencia, tal vez aprendimos a no pedir ayuda, volviéndonos autosuficientes pero sintiéndonos solos en el proceso.
Muchos hombres, en particular, vinculan su autoestima a estándares rígidos de perfección. Hemos interiorizado los ideales masculinos impuestos por la sociedad, creyendo que la autocrítica severa nos hará mejores. Usamos la dureza como una herramienta para alcanzar la excelencia. Pero la verdad es esta: la dureza no tiene ningún valor positivo.
El falso poder de la autocrítica.
Mucha gente cree que ser dura consigo misma la ayudará a mejorar. La realidad es otra. Nada de lo que hace la autocrítica no lo hace mejor la firmeza con amabilidad. Obtienes más, hasta de ti mismo con miel que con miedo.
Es lo mismo que ocurre con el asertividad frente a la agresión: puedes establecer límites sin necesidad de ser agresivo. De la misma manera, puedes exigirte disciplina sin necesidad de castigarte.
Puedes levantarte a las 5:30 AM para hacer ejercicio. Puedes obligarte a terminar tu trabajo a tiempo. Pero no necesitas insultarte ni castigarte en el proceso.
Y luego están esas voces de la vergüenza: «Eres un fracaso», «eres tonto», «ahí vas otra vez, como un perdedor».Esas voces no son más que el eco de un Niño Adaptativo—una parte de ti que aprendió a lidiar con un ambiente hostil en el pasado.
Pero ese niño no debería estar al mando. Necesitas abrazarlo con amor, pero también quitarle el control del volante.
¿Cómo te tratas a ti mismo/a?
Muchos de nosotros hemos aprendido a manejar nuestras emociones en las relaciones con los demás. Nos tomamos un respiro antes de reaccionar. Contamos hasta diez antes de responder cuando alguien nos irrita. Entendemos que arremeter contra los demás no es productivo.
Pero, ¿hacemos lo mismo con nosotros mismos? ¿Permitirías que alguien te hablara como tú te hablas a ti mismo?
Sin embargo, como la crítica viene de dentro, asumimos que es normal, o peor aún, que no podemos hacer nada al respecto. Pero sí podemos.
¿Cómo construir una autoestima sana?
Un aspecto clave de la autoestima es evitar tanto la grandiosidad («soy mejor que los demás») como la vergüenza («soy menos que los demás»). La verdadera autoestima debe estar sustentada en el amor propio, que no depende de la comparación con otros, sino del reconocimiento de un valor inherente que no puede aumentarse ni disminuirse.
Aquí hay un ejercicio para comenzar:
- Detecta cuándo te sientes «superior» o «inferior». ¿Qué sensaciones aparecen en tu cuerpo? ¿Qué pensamientos surgen? ¿Cuándo te sientes de una manera o de otra? ¿Qué desencadenó este cambio en la percepción de ti mismo?
- Reconoce que tu valor no es condicional. No eres más valioso por tus éxitos ni menos valioso por tus fracasos.
- Aprende a intervenir. Cuando tu crítico interno empiece a atacarte, respóndele como lo harías con alguien externo: «Escucharé tu punto de vista, pero solo si me hablas con respeto.»
Dos pasos para sanar:
- Silencia la autocrítica destructiva
- Identifica los pensamientos negativos sobre ti mismo.
- Cuestiona su validez.
- Reformúlalos con un enfoque más compasivo.
- Cultiva la amabilidad hacia tí mismo/a
- Trátate con la misma paciencia y apoyo que le darías a un amigo.
- Responde con comprensión, incluso cuando cometas errores.
- Recuerda: Eres humano. Aprendes, creces y sigues adelante.
Para quienes han vivido traumas significativos, practicar la autocompasión puede ser difícil. La vergüenza suele sentirse profundamente arraigada. En estos casos, el trabajo terapéutico es esencial.
mundo.