El teléfono móvil ha supuesto una invasión en un tiempo récord, ya que actualmente es el dispositivo más extendido en el mundo. Es un dispositivo que está en constante evolución, en él podemos encontrar muchos avances anteriores, por lo que podemos decir que nos ofrece un mundo de posibilidades en el día a día.
En la actualidad este dispositivo se ha convertido en un dispositivo muy popular en la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Pero su uso excesivo o desregulado puede convertirse en un patrón problemático con consecuencia psicológicas, sociales y académicas. Este artículo revisa, desde la perspectiva de la Psicología, los factores de riesgo asociados al uso problemático del móvil en la adolescencia, las implicaciones clínicas y las estrategias de intervención. Además, se subraya la importancia de prestar especial atención a los periodos de vacaciones, por tratarse de una etapa de mayor vulnerabilidad y a la vez, de oportunidad para la prevención y la intervención psicoeducativa.
Contenidos de este artículo:
Algunos datos sobre el uso del móvil
En España, la demanda de los teléfonos móviles ha ido en aumento. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en el 99,5% de los hogares, al menos un miembro de entre 16 y 74 años tiene un teléfono móvil y el 68,7% de la población adolescente entre los 10 y 15 años disponen de un teléfono móvil, siendo el 22,1% de los niños/as de 10 años, el 41,4% de 11 años, el 68,8% de 12 años, el 88,1% de 13 años, el 92,8% de 14 años y el 95,7% de 15 años (INE, 2024).
El avance tecnológico ha transformado los hábitos de vida de las nuevas generaciones, haciendo del teléfono móvil un dispositivo indispensable para la comunicación, el entretenimiento y el acceso a la información. No obstante, el uso intensivo de este dispositivo, especialmente en la adolescencia, está generando preocupación por sus posibles efectos adversos cuando se convierte en un comportamiento desregulado y compulsivo. A este fenómeno se le denomina Uso problemático del teléfono móvil (UPTM) y se considera una adicción a internet o ludopatía (Billieux et al., 2022).
Aunque este fenómeno no está oficialmente clasificado como un trastorno en el DSM 5-TR ni en el CIE-11, diversos estudios han evidenciado que comparte características clínicas relevante como; la perdida de control, la interferencia de la vida diaria, la tolerancia y los síntomas de abstinencia emocional ante la privación del dispositivo (Elhai et al., 2020).
Factores de riesgo del Uso Problemático del Teléfono Móvil (UPTM) en la adolescencia
Varios estudios señalan que los jóvenes empiezan a utilizar el teléfono móvil de manera autónoma de forma muy simple (López de Ayala et al., 2020; ONTSI, 2029), es una fase inicial, de experimentación, de manera libre e independiente (Tejada et al., 2023). Durante esta fase los chicos preadolescentes suelen jugar a videojuegos y ven lo que hacen los gamers en Twich, mientras que las chicas eligen las redes sociales, en las que apenas hablan o comparten fotografías y videos (Garmendia et al., 2016; González y Martínez, 2018). Superada esta fase, tanto chicos como chicas pasan a las social networks de mayor éxito del momento, como YouTube, WhatsApp, Instagram, TikTok… (Rivero, 2019; Spain IAB, 2019), convirtiéndose en un recurso o herramienta social, fundamental para la población adolescente (Cantor-Silva et al., 2018), y siendo para muchos jóvenes una fuente de placer cuando publican y ven las respuestas que generan sus publicaciones.
Este uso del teléfono móvil, lo suelen hacer sin ayuda, sin ninguna enseñanza previa para interactuar de forma correcta y segura (Tejada et al., 2019), lo que hace que su uso pueda causarles dificultades. Además, la adolescencia es una etapa de desarrollo con particular vulnerabilidad a los estímulos inmediatos, debido a factores neurobiológicos, sociales y emocionales, como:
- Inmadurez del córtex prefrontal, lo que limita la autorregulación (Casey et al., 2008).
- Necesidad de afiliación social y búsqueda de validación en redes digitales.
- Impulsividad y búsqueda de sensaciones como rasgos evolutivos.
- Contextos familiares permisivos o desestructurados.
- Trastornos emocionales comórbidos, como ansiedad, depresión o baja autoestima.
- Relaciones personales más complejas y problemáticas, puesto que pueden darse conductas de acoso (Tejada et al., 2023).
- Dificultad en medir y valorar el uso excesivo o intensivo que hacen de la tecnología digital y de las redes (Gordo et al., 2018)
El UPTM, muchas veces, actúa como una estrategia de afrontamiento disfuncional frente al aburrimiento, la soledad o el estrés, lo que refuerza su uso a través de un circuito de recompensa inmediata (Montag y Walla, 2016).
Consecuencias clínicas del uso problemático del teléfono móvil
Numerosos estudios han asociado el uso problemático del móvil con consecuencias negativas a corto y largo plazo en distintas esferas del desarrollo adolescente. Algunas de ellas son:
- Trastornos del sueño y fatiga crónica.
- Déficit en habilidades sociales presenciales.
- Disminución del rendimiento académico
- Síntomas ansioso-depresivos y disforia emocional.
- Aumento del riesgo del ciberacoso y exposición a contenidos inapropiados.
El metaanálisis de Sohn et al. (2019) confirma la asociación consistente entre el UPTM y niveles elevados de depresión, ansiedad y bajo rendimiento escolar.
El verano, periodo de riesgo y de oportunidad
Riesgo específico del verano
El periodo de vacaciones representa una etapa critica para el uso problemático del teléfono móvil debido a:
- El aumento de tiempo libre, lo que puede derivar en un mayor número de horas de exposición al dispositivo.
- Una disminución de la supervisión adulta, especialmente cuando los cuidadores trabajan o no están presentes.
- La desestructuración de rutinas escolares y hábitos saludables, lo que favorece el uso nocturno, la alteración del sueño y el aislamiento digital.
Mayor aburrimiento y desconexión social, que puede intensificar el uso del móvil como forma de regulación emocional o escape.
Oportunidad para la intervención
Paralelamente, el verano es también una buena oportunidad para:
- Iniciar o reforzar intervenciones clínicas sin la presión académica que puede existir en época escolar.
- Promover actividades de ocio alternativo y consciente.
- Establecer limites digitales claros en colaboración con las familias.
- Fomentar la educación digital emocional mediante talleres, sesiones terapéuticas o programas escolares de verano.
Desde la psicología se propone aprovechar esta etapa para fortalecer factores protectores como la autoestima, las habilidades sociales y la autorregulación emocional (Ortega-Barón et al., 2021).
Intervención clínica y psicoeducativa
Evaluación psicológica
El abordaje del uso problemático del teléfono móvil requiere una evaluación multidimensional, que incluya:
- Entrevista clínica con el adolescente y su familia
- Uso de instrumentos validados como:
Smartphone Addiction Scale (SAS)
Mobile Phone Problem Use Scale (MPPUS)
Cuestionarios de ansiedad, depresión, autoestima y control de impulsos.
Intervención individual y familiar
Desde un enfoque cognitivo- conductual se proponen estrategias como:
- La Reestructuración cognitiva de creencias disfuncionales (“si no contesto rápido me sacarán del grupo”)
- Entrenamiento en regulación emocional y habilidades sociales.
- Establecimiento de límites y rutinas digitales acordadas en familia.
- Promoción del ocio saludable con actividades deportivas, creativas y grupales.
- Apoyo a los padres en el modelado de un uso saludable y en el establecimiento de normas claras.
Prevención y promoción del bienestar digital.
Las acciones psicoeducativas dirigidas a adolescentes y familias buscan fomentar:
- Un uso consciente y funcional del teléfono móvil.
- El desarrollo de competencias digitales emocionales.
- La prevención del uso como herramienta de evasión emocional.
Conclusión
El uso problemático del teléfono móvil en adolescentes representa un desafío creciente en la practica clínica y educativa. Es necesario un abordaje preventivo y terapéutico que contemple tanto las características del desarrollo adolescente como el contexto social y tecnológico. El verano, por sus particularidades, es un periodo crítico donde se incrementan los riesgos, pero también se abren oportunidades únicas para la intervención.
Desde la psicología, se recomienda intervenir de forma temprana, trabajar con el entorno familiar y promover hábitos digitales saludables que ayuden a los adolescentes a usar el teléfono móvil sin depender de él, a conectarse sin perderse y a crecer en equilibrio con la tecnología.