«Cuando el cuerpo habla lo que la mente calla: Somatizaciones»

Ángela tiene 32 años. Hace meses que le duele el estómago. A veces siente un nudo en el pecho, le cuesta respirar, sufre insomnio. Ha ido al médico varias veces. Le han hecho análisis, ecografías, pruebas digestivas. Todo está bien. “Será estrés”, le dicen.

¿Qué es la somatización?

Esta historia no es una rareza, de hecho, es cada vez más común. Personas que viven con síntomas físicos reales, pero sin una causa médica aparente. Y no, no están fingiendo, ni se lo imaginan. Están somatizando.

La somatización es la expresión física de un malestar emocional o psicológico sin una causa médica que los justifique. Estos síntomas no son fingidos ni inventados, sino que son reales y pueden ser muy molestos para la persona que los experimenta. Es cuando el cuerpo “habla” lo que la mente, a veces, no sabe cómo procesar o expresar.

No es “te lo estás inventando”, no es “todo está en tu cabeza”, ni mucho menos una búsqueda de atención. Es una reacción real del cuerpo ante un sufrimiento psíquico. Y ocurre mucho más de lo que se suele reconocer. A menudo, las personas con trastornos de somatización describen sus síntomas en términos médicos detallados, a pesar de que las pruebas diagnósticas no muestran ninguna enfermedad orgánica que pueda explicarlos.

¿Por qué ocurre?

Nuestro cuerpo y nuestra mente no están desconectados. Lo que sentimos, pensamos y vivimos impacta directamente en cómo funciona nuestro cuerpo. Cuando el estrés, la ansiedad o emociones intensas no se gestionan, el cuerpo puede empezar a manifestarlo en forma de síntomas.

La somatización es un fenómeno complejo y multidimensional, que se entiende mejor cuando se lo considera en el contexto de la interacción entre la mente y el cuerpo. Los síntomas de somatización a menudo están asociados con el estrés emocional y pueden ser una forma de expresar emociones reprimidas o dificultades psicológicas.

En muchas personas, especialmente en quienes han aprendido a “aguantar” o a reprimir lo que sienten, el cuerpo acaba siendo la vía de escape del dolor emocional.

Factores que aumentan el riesgo de la somatización

Hay ciertos factores que aumentan el riesgo de la somatización, entre ellos están:

Los trastornos de ansiedad y depresión 

Ciertos rasgos de personalidad, como el perfeccionismo o la tendencia a reprimir emociones, se asocian con una mayor predisposición a la somatización.

Personas con baja tolerancia a la frustración o dificultades para afrontar situaciones adversas también presentan más síntomas físicos.

Eventos estresantes de la vida—pérdidas, separaciones, cambios de trabajo o enfermedades graves en seres queridos—pueden actuar como detonantes.

La historia personal, incluyendo experiencias traumáticas previas, incrementa el riesgo de que los problemas emocionales se manifiesten como dolencias físicas.

¿Qué síntomas pueden aparecer?

Algunos de los más comunes son:

– Dolores de cabeza frecuentes o migrañas.

– Problemas digestivos (náuseas, diarreas, colon irritable).

– Dolores musculares o articulares sin causa médica clara.

– Palpitaciones, mareos o sensación de ahogo.

– Fatiga constante.

– Problemas dermatológicos (eccemas, urticarias, etc.).

Estos síntomas pueden ser intermitentes o crónicos, y suelen empeorar en épocas de estrés o conflicto emocional.

Mitos que hay que romper

– “Te lo estás inventando”.

El dolor es real, solo que su origen no es orgánico, sino emocional.

– “Tienes que ser más fuerte”.

No se trata de fuerza. Se trata de salud. Escuchar lo que uno siente es un acto de valentía, no de debilidad.

– “Es culpa tuya”.

Nadie elige somatizar. Es una forma aprendida, muchas veces inconsciente de lidiar con el sufrimiento.

¿Cómo se trabaja en terapia?

El tratamiento de los trastornos de somatización a menudo implica un enfoque multimodal que incluye terapia cognitivo-conductual, medicación y, a veces, terapias físicas como el ejercicio o la fisioterapia.

La terapia cognitivo-conductual puede ayudar a los pacientes a aprender a manejar mejor sus síntomas, a entender la conexión entre las emociones y los síntomas físicos, y a desarrollar estrategias para lidiar con el estrés y las emociones negativas.

– Identificar y expresar las emociones que están detrás del malestar.

– Conectar con las señales del cuerpo desde un lugar más amable.

– Aprender herramientas de regulación emocional y autocuidado.

– Reconstruir la historia personal para entender por qué se desarrolló esaforma de responder al malestar.

Este contenido tiene un objetivo meramente informativo. Si sientes que necesitas ayuda solicita una consulta con un profesional.

Artículo documentado por:

Concepción Cendón Dacosta

Concepción Cendón Dacosta

Concepción Cendón es Directora y fundadora de los centros “Codex Psicología y Codex Formación” con una trayectoria de 20 años de experiencia. Es Licenciada en Psicología, especialista en Psicología Clínica y de la Salud y con formación en Psicología Jurídica (Nº 3026 del Colegio Oficial de Psicólogos de Galicia). Es miembro del Listado Oficial de Peritos psicólogos para la administración de justicia en los ámbitos del derecho civil y penal y también del Equipo de Intervención Psicológica en los casos de Adopción Internacional, del Colegio Oficial de Psicólogos de Galicia. Su pasión y vocación por la psicología le ha llevado a especializarse en diferentes ámbitos como, intervención en crisis, duelo patológico, altas capacidades intelectuales o neuropsicología, y a estar formándose y actualizándose constantemente en diversas teorías y técnicas psicológicas como terapia cognitivo-conductual, terapias de tercera generación y terapia con realidad virtual.

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