Publicado por & archivado en Artículos.

Nuestra mente está diseñada para buscar soluciones, de manera que, ante un problema, buscamos cualquier solución o alternativa posible para poder resolverlo.

De por sí, que actuemos de este modo, es muy útil y adaptativo. Esta manera de pensar nos ha permitido avanzar a lo largo de la historia, hacer descubrimientos científicos y resolver problemas de la vida cotidiana.

En situaciones normales, cuando algo nos desagrada, solo tenemos que imaginar como librarnos de ello, y hacerlo.

Por ejemplo, si se nos estropea un pantalón que nos gusta, podemos comenzar a idear soluciones, como coserlo, comprar otro o incluso, tirarlo. A continuación, solo tenemos que elegir una alternativa, y ponerla en marcha.

Pero ¿qué ocurre en las situaciones en las que no sabemos qué puede ocurrir? ¿Qué pasaría si pudieras pensar mil estrategias diferentes para arreglar un pantalón, pero no dependiera de ti arreglarlo? A esto se le llama incertidumbre.

La incertidumbre es la falta de seguridad, confianza o certeza sobre algo, es decir, es el resultado de una situación en la que no sabemos qué va a ocurrir. Y esto genera gran inquietud.

Por lo general, tenemos muchas dificultades para tolerar la incertidumbre, lo que implica que no llevamos nada bien no saber qué va a pasar a continuación. Por este motivo, podemos reaccionar de manera desadaptativa ante determinados eventos inciertos o poco claros. Entonces, aparece la ansiedad.

Cuando experimentamos esta falta de control sobre los acontecimientos, tratamos de recuperarlo a toda costa ¿y cómo lo hacemos? Imaginando todos los escenarios posibles que podrían resultar de esa situación, dándole vueltas a cómo actuaríamos, y así, recuperamos la sensación de control.

Por así decirlo, es una manera de prepararnos para cualquier cosa que pueda pasar, que alivia esa incertidumbre por el futuro, pero, a su vez, también agobia y genera gran malestar.

Vamos a poner un ejemplo. Imagina que te acaban de llamar de una empresa para darte la noticia de que van a contratarte, empiezas en un par de días. Comenzar una nueva actividad laboral en una empresa, siempre resulta estresante, es un cambio al que tenemos que adaptarnos.

Además, no sabes mucho de la empresa, no conoces a los compañeros, no conoces la ubicación exacta del lugar de trabajo… Hay muchas cosas que no sabes. Entra en juego la incertidumbre.

En ese momento, empiezas a pensar en todo lo que podría ocurrir ahora que la situación no depende de ti. ¿Y si no te llevas bien con ningún compañero? ¿Y si en el trabajo tienes que desempeñar tareas que no te gustan o no sabes hacer? ¿Y si las condiciones no son buenas? ¿Y si te pierdes de camino y llegas tarde el primer día? ¿Y si tienes un mal jefe?… Hay tantas posibilidades.

El hecho de anticipar todas estas situaciones, nos hace sentir que hemos retomado el control, que la situación depende de nosotros, y que estaremos preparados para cualquier cosa que pueda ocurrir en el futuro.

Pero (SPOILER): generalmente, todos estos escenarios que has estado imaginando, finalmente nunca ocurren. Y mientras has estado creando infinitas alternativas en tu cabeza, no solo has desperdiciado tiempo que podrías haber invertido en algo más placentero, sino que, además, te habrás sentido muy inquieto.

En definitiva, cuando ocurre algo que no hemos planeado, aparece la incertidumbre por el futuro de los acontecimientos, lo que provoca ansiedad. Esto nos lleva a pensar en todas las posibilidades en las que puede derivar una situación, haciéndonos creer que hemos retomado el control, y aliviando la inquietud que sentimos.

El gran problema, es que cada vez que resolvemos una situación, aparece otra que también tenemos que solucionar, porque no tenemos ni idea de lo que va a pasar, y las posibilidades son infinitas.

A corto plazo, nos sentimos aliviados al creer que hemos retomado las riendas de nuestro futuro. Pero a largo plazo, hay tantas posibilidades y situaciones que no controlamos, que cada vez le damos más vueltas (rumiamos) y toleramos menos incertidumbre.

Perderás mucho tiempo y experimentarás gran malestar emocional, y todo en vano, puesto que estos escenarios catastróficos, prácticamente nunca ocurren.

Codex Psicología