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Hoy se celebra el día mundial de la Salud Mental. Desde la Organización Mundial de la Salud, han querido centrarse este año en la prevención del suicidio (celebrado el 10 de septiembre) con el fin de ampliar su visibilidad.

En España, según datos del Instituto Nacional de Estadística, se comete un suicidio cada dos horas y media siendo la cifra total, el doble que por accidentes de tráfico. El 40% se producen entre los 40 y 59 años aumentando su riesgo con la edad.

Según la OMS, cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo siendo la segunda causa principal de defunción en el grupo de 15 a 29 años.

Bajo el lema “40 segundos para actuar”, la OMS quiere que se tome conciencia sobre la magnitud del suicidio como problema de salud pública mundial.

Y nosotros queremos aportar en este día una pequeña reseña, para señalar la importancia en la prevención del suicidio por parte de las personas e instituciones, además de la necesidad de apoyo para una atención adecuada a la persona afectada.

La conducta suicida incluye el suicidio consumado (con resultado de muerte), y el intento de suicido (con intención de provocar la muerte, pero sin resultado mortal). Para su prevención, se ha de prestar atención tanto a las amenazas como a las tentativas de suicidio.

Por otro lado, es necesario eliminar el estigma asociado a la ideación suicida. En la siguiente tabla, se resumen las principales creencias que existen, y su validación científica al respecto. (OMS, 2000; Pérez Barrero, 1996).

Creencia

Realidad
La persona que se quiere matar no lo dice. De cada diez personas que se suicidan, nueve de ellas dijeron claramente sus propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones de acabar con su vida.
La persona que lo dice no lo hace Toda persona que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurriría.
Las personas que intentan el suicidio no desean morir, sólo hacen el alarde. Aunque no todas las personas que intentan el suicidio desean morir, es un error tildarles de alardosos, pues son personas a las cuales les han fracasado sus mecanismos útiles de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el atentar contra su vida.
Si de verdad se hubiera querido matar, se hubiera tirado delante de un tren. Toda persona con riesgo suicida se encuentra en una situación ambivalente, es decir, con deseos de morir y de vivir. El método elegido para el suicidio no refleja los deseos de morir de quien lo utiliza, y proporcionarle otro de mayor letalidad es calificado como un delito de auxilio al suicida (se le ayuda a que lo cometa), penalizado en el Código Penal vigente.
La persona que se repone de una crisis suicida no corre peligro alguno de recaer. Casi la mitad de las personas que atravesaron por una crisis suicida y consumaron el suicidio, lo llevaron a cabo durante los tres primeros meses tras la crisis emocional, cuando todos creían que el peligro había pasado.

 

La persona que intenta el suicidio estará en ese peligro toda la vida. Entre el 1% y el 2% de las personas que intentan el suicidio lo logran durante el primer año después del intento y entre el 10% al 20% lo consumarán en el resto de sus vidas.
Toda persona que se suicida está deprimida. Aunque toda persona deprimida tiene posibilidades de realizar un intento de suicidio o un suicidio, no todas las que lo hacen presentan este desajuste. Pueden padecer esquizofrenia, alcoholismo, trastorno de personalidad, etc.
Toda persona que se suicida es un enfermo mental. Las personas con enfermedades mentales se suicidan con mayor frecuencia que la población en general, pero no necesariamente hay que padecer un trastorno mental para hacerlo.
El suicidio se hereda.

 

No está demostrado que el suicidio se herede, aunque se puedan encontrar varios miembros de una misma familia que hayan terminado sus vidas por suicidio. En estos casos lo heredado es la predisposición a padecer determinada enfermedad mental en la cual el suicidio es un síntoma principal, como por ejemplo, los trastornos afectivos y las esquizofrenias.

 

El suicidio no puede ser prevenido pues ocurre por impulso. Toda persona antes de cometer un suicidio evidencia una serie de síntomas que han sido definidos como síndrome pre-suicidio, consistente en constricción de los sentimientos y el intelecto, inhibición de la agresividad, la cual ya no es dirigida hacia otras personas, reservándola para sí, y la existencia de fantasías suicidas; todo lo que puede ser detectado a su debido tiempo y evitar que se lleven a cabo sus propósitos
Al hablar sobre el suicidio con una persona en este riesgo se le puede incitar a que lo realice. Está demostrado que hablar sobre el suicidio con una persona en tal riesgo en vez de incitar, provocar o introducir en su cabeza esa idea, reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad que ofrezca el sujeto para el análisis de sus propósitos autodestructivos. El acercarse a una persona en crisis suicida sin la debida preparación para ello, sólo mediante el sentido común, es perjudicial y se pierde el tiempo para su abordaje adecuado. Si el sentido común nos hace asumir una postura de atenta y paciente escucha, con reales deseos de ayudar a la persona en crisis a encontrar otras soluciones que no sean el suicidio, se habrá iniciado la prevención.
Sólo los psiquiatras pueden prevenir el suicidio. Es cierto que los psiquiatras son profesionales experimentados en la detección del riesgo de suicidio y su manejo, pero no son los únicos que pueden prevenirlo. Cualquiera interesado en auxiliar a personas en esta situación de riesgo puede ser un valioso colaborador en su prevención.

 

En nuestro país se celebrará bajo el lema “Concect@ con la vida” así que lo mejor que puedes hacer este día es visitar a algún amigo o familiar que este deprimido y/o compartir muchos pensamientos positivos con tus contactos de las redes sociales.

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