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Un niño ansioso puede tener conductas como morderse las uñas, ​​llorar en fiestas de cumpleaños, o negarse a participar en la escuela hasta el punto de que sus notas bajen. También puede ser exasperante escucharlos preocuparse por cosas que parecen irracionales o preocuparse por las mismas cosas una y otra vez. Afortunadamente, los puedes ayudar.

 

Aquí te dejamos 3  consejos sencillos con los que  puedes facilitar el día a día a tu hijo:

Ayúdalos a hacer un plan.

 Apóyales para que se den cuenta de que pueden resolver la mayoría de los problemas propios de su edad o con un poco de ayuda. Si te expresan preocupación, deben decirles: “Parece que estás preocupado acerca de X”, o “He oído que estás nerviosa por Y.” Esto les da un nombre para lo que están haciendo o sintiendo.

Luego anímelos a hacer un plan. Si sus miedos se cumplieran, ¿qué podrían hacer para enfrentar la situación? Si necesitan un poco de ayuda, ¿a quién podrían preguntar? Esto les irá bien para ir más allá del problema y buscar soluciones, lo que reduce la incertidumbre, además les transmitirás que tienes confianza en sus capacidades.

 

Recuérdales que lo que aumenta después se ralentiza.

 La preocupación viene con sentimientos físicos: palpitaciones, aturdimiento, un malestar en el estómago. Estos sentimientos pueden amplificar una situación ya de por sí ansiosa, como hacer un problema matemático en la pizarra. Las sensaciones incómodas podrían hacerles pensar: “¡Voy a vomitar!” O “¡Algo me pasa!”

Trae los síntomas a propósito para que se acostumbren a ellos. Por ejemplo, correr juntos por las escaleras para hacer que el corazón palpite, o balancearos en los columpios para sentirte un poco mareado. Luego pídeles que se centren en las sensaciones: 30 segundos o un minuto. Cuando terminéis, observar lo rápido que los dos volvéis a la normalidad. Normalmente solo un minuto o dos.

Con la ansiedad ocurre lo mismo, los síntomas físicos también se irán solos durante o después de salir a la pizarra. En resumen, enséñales que no deben temer sus sentimientos físicos. Son incómodos, pero son solo ansiedad, nada más.

 

Escúchalos

Un gran porcentaje de nuestra comunicación les está diciendo a nuestros hijos que hagan algo, que paren de hacer cosas o que los ayuden en lo que están haciendo. Damos indicaciones, sugerencias y consejos. A veces incluso las preguntas se expresan como críticas: “¿No quieres comenzar tu tarea?” “¿Por qué no añades algunos legos rojos a tu torre?” A veces, incluso los elogios suenan como críticas:” Buen trabajo, pero todavía te queda mucho para hacerlo del todo bien”. Si tu hijo es propenso a la ansiedad, esto le puede parecer como una crítica.

En otras palabras, durante al menos unos minutos al día, ofrezca menos indicaciones, menos sugerencias y menos consejos. Solo refleja lo que te dice y demuéstrale que estás escuchando. “¿Qué estás echando en esa poción mágica tuya?” Es diferente a “Aquí podrías agregar algo de bicarbonato de sodio”.

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