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No es sencillo ser fuertes, ver las cosas desde otra perspectiva y tomar decisiones que nos permitan salir de ese agujero emocional en que a veces podemos encontrarnos.

Es difícil mantener la fortaleza mental, cuando la adversidad supera nuestros recursos de afrontamiento y tomar decisiones implica romper con muchas de nuestras certezas.

Sin embargo, la buena noticia es: “la fortaleza emocional podemos desarrollarla”.

 

Aquí van algunas estrategias:

Encuentra tu motivo para vivir. Viktor Frankl soportó los horrores de los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y descubrió que, en gran parte, quienes sobrevivieron fueron aquellas personas que tenían un propósito para seguir viviendo. Por eso, uno de los pilares de la fortaleza emocional consiste en tener un motivo para seguir adelante al que podamos aferrarnos en los momentos más difíciles. Sin ese motivo es fácil caer en las garras de la desesperación y claudicar.

Equilibra el pensamiento positivo y negativo. Ni el pensamiento positivo es tan positivo ni el negativo es tan negativo. Ambos son importantes: el pensamiento negativo nos permite anticipar lo que podría salir mal y planificar qué hacer, mientras que el pensamiento positivo nos mantiene motivados, nos da fuerzas y nos permite centrarnos en nuestra meta. La clave radica en encontrar el equilibrio porque cuando estamos atravesando por situaciones difíciles tenemos la tendencia a verlo todo negro y fijarnos solamente en los detalles que confirman nuestros peores pronósticos. En esos casos, debemos activar conscientemente los pensamientos positivos para que sirvan como contrapeso del pesimismo.

Sé compasivo contigo mismo. A menudo, cuando atravesamos situaciones difíciles, tenemos la tendencia a culpabilizarnos, lo cual nos hace sentir aún peor. Sin embargo, las personas fuertes emocionalmente son capaces de tratarse con amabilidad, respeto y compasión mientras asumen sus responsabilidades e intentan enmendar sus errores. Cuando cuidamos al niño interior que habita dentro de cada uno de nosotros, reducimos la intensidad de las emociones negativas y abrimos un resquicio para que las emociones positivas florezcan. Por eso es muy importante cuidar nuestro diálogo interior y aprender a tratarnos con gentileza y cariño.

Aprende a reírte de ti. Las personas con una gran fortaleza emocional suelen tener un carácter divertido y son capaces de reírse se sí mismas. No se toman las cosas como algo personal, lo cual les permite protegerse de los vaivenes emocionales. De hecho, el sentido del humor es uno de los rasgos que definen a las personas resilientes. No se trata del sarcasmo y la ironía dirigidos a ridiculizar a los demás, sino a ese humor inteligente dirigido hacia uno mismo que permite encontrar lo absurdo o incongruente en la desgracia, de manera que se despoje de su peso emocional negativo. Se trata de aprender a poner buena cara al mal tiempo, para ver la realidad desde otra perspectiva.

Equilibra las emociones con la lógica. Las emociones no son un enemigo a batir, pero a veces pueden empeorar la situación. Cuando se produce un secuestro emocional, dejamos de pensar con claridad y las emociones toman el mando. Para evitarlo, es conveniente prestarle atención al mensaje que transmiten los emociones pero también equilibrarlas con la lógica. De hecho, la fortaleza emocional consiste en detectar las emociones, comprender cómo pueden influir en nosotros y luego, gestionarlas de la mejor manera posible.

Cambia lo que puedes cambiar y acepta lo que no puedes controlar. Una de las características de personalidad de las personas emocionalmente fuertes es que tienen un locus de control interno. Eso significa que asumen la responsabilidad por sus acciones, pero no se culpabilizan. Son conscientes de que hay cosas que pueden cambiar y otras sobre las que no tienen ningún control. Esa diferencia les permite movilizar sus recursos psicológicos de manera más eficaz, manteniendo su equilibrio emocional.

Da un paso cada vez. A veces los problemas llegan juntos, se acumulan y terminan abrumándonos, hasta tal punto que nos conducen a una situación de bloqueo emocional. En esos casos, debemos respirar profundamente y dar un paso a la vez, con la vista puesta en nuestra meta.

Lo más importante es priorizar, siendo conscientes de que el primer paso no nos lleva donde queremos llegar, pero nos saca de donde estamos. Así logramos romper la inercia, nos ponemos en movimiento y potenciamos la sensación de empoderamiento, que es fundamental para salir fortalecidos de las situaciones difíciles.