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Como profesionales, una de las situaciones más difíciles que tenemos que afrontar es comunicar a los padres/madres un diagnóstico de discapacidad y/o autismo (pudiendo ser comórbidos, según el DSM-V).

Esta noticia supone un fuerte impacto emocional que requiere de una adaptación posterior que puede ser más o menos dificultosa. Las etapas por las que atraviesan son parecidas a las del duelo por la pérdida de un ser querido (en este caso, la pérdida de las expectativas futuras del menor), y se compondría de las siguientes fases:

Negación: minimizan las repercusiones de los síntomas y signos, tendiendo a maximizar los logros y minimizar los déficits. Este es un mecanismo de defensa que puede ir acompañado de la no aceptación del diagnóstico y la visita a varios profesionales para pedir, como mínimo, una segunda opinión (los progenitores están en todo su derecho y es incluso positivo que contrasten resultados).

Estilo de comunicación agresivo: es frecuente que la impotencia derive en un estilo de comunicación agresivo, fruto del distinto grado de ira que sienten los padres/madres ante la diversidad funcional de su hijo/a. La canalización de la misma puede tomar diversas direcciones (p.ej. contra uno/a mismo/a, la pareja, el profesional, etc.) y suele estar asociada a un posterior sentimiento de culpa.

Negociación: en este punto, los padres/madres comienzan a replantearse el diagnóstico del/de la menor; haciendo uso de un mayor nivel de análisis y reflexión acerca de las especificaciones de los profesionales encargados de evaluar a su hijo/a. Comienza el camino de la aceptación, pero aun habrán de pasar por una fase previa a la misma.

Depresión: la tristeza golpea con fuerza al evidenciarse una realidad contra la que se ha intentado luchar.

Aceptación: se acepta el diagnóstico (en mayor o menor grado) y comienzan un arduo camino por potenciar al máximo la calidad de vida de su hijo/a.

Estas fases no son compartimentos estancos, pueden variar en orden de aparición y es frecuente que se revivan cada cierto tiempo. Como profesionales, debemos acompañar a los padres/madres en estas etapas, orientarles y proporcionarles toda la información que necesiten, siempre cargados de paciencia y asertividad; siendo conscientes de que son respuestas naturales vinculadas a una noticia dolorosa.

“Todos nacemos con distintas cualidades, que nos hacen especiales” (anónimo).

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