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El ser humano es un animal social: desde su nacimiento necesita que le provean de cuidados básicos, posteriormente sentirse integrado y formar parte de (al menos) un grupo y a lo largo de su vida desarrollar roles que definan su valía (p.ej. trabajador, padre, madre, hermano/a, hijo/a, “el/la divertido/a”, “el/la responsable”, etc.), en definitiva, precisa de terceros para sobrevivir. Esta necesidad es modelada desde la infancia, cuando los cuidadores del menor abordan el conflicto y la negación ante determinados requerimientos según el estilo educativo que consideran el correcto (asertivo Vs autoritario Vs permisivo); este aprendizaje temprano puede convertir al infante en un adulto al que le cuesta decir “no”, generando diversas emociones que atacan su autoestima: culpa, vergüenza, miedo, etc.

Para entender el proceso de aprendizaje, hay que remontarse a los primeros años de vida, cuando el bebé comienza a negarse a algunas peticiones por diversas razones, de entre las cuales nos atañe la siguiente: trazar una línea divisoria entre él mismo y el mundo exterior, frenando la excesiva estimulación externa ( preguntas, lecciones, requerimientos, etc.) e ir diferenciándose de los demás.

Es en la adolescencia cuando cobra especial relevancia la construcción de una identidad propia, persiguiendo, principalmente, alcanzar la autonomía personal (es una etapa en la que se verbalizan multitud de “noes” ).

En estos dos períodos evolutivos (infancia y adolescencia), resulta crucial que los cuidadores aborden la negación desde el conocimiento de que tras la misma existe la necesidad del menor de afirmarse a sí mismo/a; modelando sólo aquellas conductas de negación que se consideren excesivas en: frecuencia, intensidad y/o duración (p.ej. un niño/a que nunca quiere compartir sus juguetes; que se niega sistemáticamente a hacer caso a sus padres/madres; un adolescente que no respeta las normas básicas de convivencia, etc.); Hay que dar la oportunidad de aprender a gestionar y manifestar la disconformidad, enseñar cómo expresarla adaptativamente (comunicación asertiva) y dar lugar al debate (propiciando el pensamiento crítico) y a la negociación; en definitiva: alentar (especialmente en la adolescencia) a aceptarse a sí mismo/a.

Es necesario aclarar que proveer de oportunidades de expresión no significa conceder todos los deseos al menor, estar de acuerdo con él/ella en casi todo o no poner límites… sino tener en cuenta su concepción del mundo (enseñándole el valor de las diferencias de criterio), aunque la decisión final recaiga en los adultos a su cargo. Por otro lado, a algunos cuidadores les impacta escuchar “noes”, que asocian directa o indirectamente al fracaso o al desprecio, reaccionando con excesiva rectitud cuando el infante/adolescente no pretendía generarles tales emociones (para ilustrar la situación, pensémoslo a la inversa).

Si los progenitores no respetan determinados “noes”, actuando con rigidez y/o dejándose llevar por una conducta emocional intensa (llorar, gritar debido a la ira, darle un bofetón, etc.), el mensaje que recibe el menor es: “decir NO = peligro” (pueden rechazarme, sentirse tristes, ofenderse, enfadarse, agredirme, etc.). Cuando este crezca, no tendrá herramientas para opinar libremente y con respeto: o bien estallará por acumulación, o bien se convertirá en una persona pasiva que no defiende sus derechos personales. En cualquier caso, ambas casuísticas conllevan un perjuicio para la autoestima. Resulta paradójico que, por un lado, esos adultos querrán defender su imagen ante los demás y, por el otro, se proyectarán como personas con poco criterio (criterio significa seleccionar y saber decir que no… quien no se niega a nada, ¡parece que todo le vale!); Existe, por ello, un peligro inherente: suelen ser más vulnerables a que otros/as se aprovechen de sus miedos y exploten sus recursos.

El equilibrio entre ser asertivos, empáticos, tolerantes y saber expresar el desacuerdo, es fundamental. El psicólogo Alberto Soler Sarrió, describe de esta forma los derechos asertivos que deberían ser transmitidos a niños/as y adolescentes:

  • 1. Algunas veces, tienes derecho a ser el primero. Ceder siempre a los demás, no comunicar tus deseos o preferencias no te hace más cortés. No digas “lo que quieras” cuando tengas una preferencia.

 

2. Tienes derecho a cometer errores. Los errores forman parte de la vida, son necesarios para el aprendizaje. No te avergüences por ellos y defiende tu derecho a cometerlos.

 

3. Tienes derecho a tener tus propias opiniones y creencias. Tener una opinión distinta a la mayoritaria no implica estar equivocado, ¡quizá justo lo opuesto!

 

4. Tienes derecho a cambiar de idea, opinión, o actuación. Cambiar de opinión no es una traición a ti mismo, es evolucionar, aprender, ser flexible.

 

5. Tienes derecho a expresar críticas y a protestar por un trato injusto, pero siempre de forma respetuosa a los demás.

 

6. Tienes derecho a intentar cambiar lo que no te satisface. No te digas a ti mismo que no lo has intentado.

 

7. Tienes derecho a pedir ayuda o apoyo emocional.

 

8. Tienes derecho a sentir y expresar el dolor. Todos sentimos dolor, y tienes derecho a expresarlo ante aquellas personas que son importantes para ti si lo necesitas.

 

9. Tienes derecho a ignorar los consejos de los demás. Cuando alguien te da un consejo es precisamente eso, no una orden de actuación.

 

10. Tienes derecho a recibir el reconocimiento por un trabajo bien hecho. Esto se aplica a los demás, pero sobretodo a ti mismo. Reconoce tus méritos.

 

11. Tienes derecho a negarte a una petición, a decir “no” sin sentirte culpable o egoísta. Decir “no” no te hace desleal o egoísta.

 

12. Tienes derecho a estar sólo, aún cuando los demás deseen tu compañía.

 

13. Tienes derecho a no justificarte ante los demás. En ocasiones con un “No, gracias” es suficiente. No tienes por qué dar excusas y menos si no son sinceras.

 

14. Tienes derecho a no responsabilizarte de los problemas de los demás.

 

15. Tienes derecho a no anticiparte a los deseos y necesidades de los demás y a no tener que intuirlos.

 

16. Tienes derecho a ser tratado con dignidad. Cuando sientes que no eres tratado con la dignidad y el respeto que mereces, tienes derecho a protestar por ello.

 

17. Tienes derecho a tener tus propias necesidades y que sean tan importantes como las de los demás.

 

18. Tienes derecho a experimentar y expresar tus propios sentimientos, así como a ser su único juez.

 

19. Tienes derecho a detenerte y pensar antes de actuar.

 

20. Tienes derecho a pedir lo que quieres y la aceptar un no por respuesta.

 

21. Tienes derecho a hacer menos de lo que eres capaz de hacer. No siempre puedes rendir al máximo.

 

22. Tienes derecho a decidir qué hacer con tu cuerpo, tiempo, y propiedad.

 

No existe peor traición que la de uno hacia sí mismo, no te sabotees: “Sólo aprendiendo a decir NO podemos concentrarnos en las cosas que realmente importan” (Steve Jobs).

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