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Por todos/as es sabido que la relación parental influye en las emociones y conductas de los/las menores; los estudios indican que los niños/as cuyos padres/madres establecen una comunicación asertiva fundamentada en el bienestar de sus hijos/as, obtienen un mejor ajuste a largo plazo, adaptándose funcionalmente a la separación de los mismos. Sin embargo, los conflictos interparentales derivados del divorcio, conllevan situaciones traumáticas que confluyen en problemas emocionales de mayor o menor intensidad.

Los hijos/as de padres/madres divorciados que no se encuentran expuestos a la conflictividad presentan mejores niveles de ajuste a largo plazo que los niños/as cuyos progenitores permanecen juntos en una convivencia con un alto grado de conflicto .

Los menores víctimas del conflicto parental tienen más riesgo de padecer:

Problemas emocionales: la tristeza intensa puede aparecer como consecuencia de los conflictos interparentales. Su manifestación suele ser diferente a los signos y síntomas mostrados por los adultos, pudiendo cristalizarse en: dificultades académicas debido a problemas de concentración, conductas disruptivas consecuencia del desajuste emocional, apatía o desapego a actividades que anteriormente resultaban reforzantes, etc. Es frecuente, que se genere un cierto grado de ansiedad, que se traduce en problemas estomacales, dificultades a la hora de dormir y llantos habituales.

Problemas de conducta: dirigidos a llamar la atención de los padres/madres y/o debidos a una mala gestión del huracán emocional por el que atraviesan. Las pataletas, negativas y conductas desafiantes pueden convertirse en situaciones diarias difíciles de manejar por los progenitores. Por otro lado, estas conductas pueden ser consecuencia del modelado, esto es, de la reproducción de conductas observadas a alguno o a ambos de los padres/madres (p.ej. gritar, insultar y pegar portazos cuando se enfadan).

Problemas de confianza: para el niño/a, el mundo es más seguro gracias a que puede recurrir a una fuente de protección como son sus padres/madres; si escucha palabras degradantes hacia uno o ambos progenitores, cuestionará la conducta de este/os generándole una inseguridad que se traducirá en un alto nivel de estrés.

Problemas físicos: la exposición a situaciones estresantes conlleva la disminución de las defensas del cuerpo, haciendo que el/la menor sea más proclive a padecer dolores, infecciones bacterianas, gripes, catarros…

Problemas a largo plazo: el conflicto sostenido puede derivar en la aparición de psicopatologías como son: trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, trastorno de estrés postraumático (si presencia o es conocedor/a de algún evento excesivamente violento, etc.)

Problemas relacionales: los padres/madres constituyen la fuente principal de aprendizaje del/de la menor e influencian considerablemente la personalidad del mismo. Si el niño/a presencia escenas desagradables, esos recuerdos quedarán grabados consciente o inconscientemente, haciéndole desconfiado ante futuras relaciones en las que no se sentirá del todo seguro/a. Si los progenitores se separan manteniendo una relación cordial, el/la menor conceptualizará el divorcio desde un punto de vista más racional, concluyendo que las personas pueden seguir confiando y dialogando a pesar de sus diferencias. Se le enseñará, indirectamente, a enfrentar y resolver los problemas eficazmente, fomentando la empatía.

No cabe duda de que el divorcio (o separación) es una forma de proteger a los hijos/as de una fuente de conflicto que genera sufrimiento y que, a la larga, los niños/as pueden sentirse aliviados/as al tomar consciencia de la mejora de la cotidianidad (exenta de estrés). Sin embargo, si el divorcio y la postseparación se convierten en traumáticas, esa protección desaparece, dejando al/a la menor en una situación de desamparo emocional que, con el tiempo, pasa factura (se excluyen de este artículo los casos específicos donde el/la menor corra peligro).

“El hijo no se divorcia: la separación no es fácil, pero si usted antepone a sus hijos y la cortesía del uno al otro, ¿no sería un mal ejemplo hacer lo contrario?”

Dawn French.