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La psicóloga Michelle Stevens es una valiente; podría haberse escondido bajo el yugo de la etiqueta “trastorno”, haber asumido, como tantas otras veces, la losa del estigma “personalidad múltiple”… pero esta vez decidió dar un golpe en la mesa que gritaba liberación: “¡basta!, quiero y necesito expresarme”.

Esta doctora, reputada profesional con muchos años de experiencia en el tratamiento de trastornos de personalidad, se abrió al mundo y confesó, harta de tanto esconderse, que padece Trastorno de Identidad Disociativo (conocido popularmente como Trastorno de Personalidad Múltiple). ¿Qué por qué decidió hacerlo ahora? Porque esta afectación ha vuelto a ponerse de moda gracias a la recién estrenada película: “Múltiple”, dirigida por M. Night Shyamalan. El protagonista del film es un adulto dentro del que “conviven” 23 tipos diferentes de personalidad, y cuyo trastorno causa un intenso pavor que no disminuye a lo largo de la trama.

Michelle Stevens, ha tenido que convivir con ese miedo a lo desconocido… en sus palabras no sólo se respira indignación, sino un dolor profundo que tiene que ver con el momento de la revelación, en cuyas miradas encontraba incomprensión y desconfianza. En sus propias palabras: “cada vez que confieso que tengo este trastorno, paso de ser una profesional de la psicología respetada, amante esposa y buena madre, para convertirme, a los ojos de los demás, en ese monstruo que el cine y la literatura plasman, calando hondo en una visión popular que banaliza mi sufrimiento”.

 

En Centro Codex, queremos sumarnos a su lucha por la desmitificación, aclarando algunos puntos que podrían concentrarse en la siguiente pregunta: ¿Es posible, realmente, que una persona tenga dos o más personalidades conviviendo dentro de sí misma? La respuesta es sí y es no…

La personalidad se define como un conjunto estable de: rasgos, estilos de afrontamiento, interpretaciones, actitudes… que perduran en el tiempo. De esta definición se deduce que existen diversos trastornos que modifican la personalidad, pudiendo convivir dos o más personalidades (p.ej. un individuo en fase maníaca Vs en fase depresiva), pero… ¿es posible que esas dos personalidades no sepan de la existencia de la otra?

Al trastorno en cuestión se le denomina disociativo, pero: ¿qué se entiende por disociación? Una serie de respuestas que conllevan una separación de pensamientos, recuerdos y/o emociones, para proteger la integridad de la persona. Un alto porcentaje de pacientes diagnosticados con este trastorno han sido víctimas de un intenso sufrimiento durante su infancia (abusos sexuales, malos tratos físicos, negligencias en los cuidados más básicos, etc.), y es bien sabido por los profesionales de la salud mental que una de las herramientas que el cerebro utiliza como mecanismo de supervivencia es la disociación, existiendo tres tipos principales:

– Despersonalización: tiene que ver con vivir las experiencias externas como un mero observador/a, desconectando las emociones y el cuerpo. A un alto porcentaje de víctimas de malos tratos, les ha sucedido en alguna ocasión. Describen la escena como dolorosa en lo referente a los golpes, pero en el plano emocional, están anestesiadas, como si estuvieran viendo una película, siendo meras espectadoras, sintiendo que no están ahí… Es frecuente encontrarse con víctimas de: atracos, atentados, catástrofes naturales, etc. que vivencian la situación como si no les estuviese pasando a ellos/as, como si miraran a través de una pantalla…

– Amnesia disociativa: la persona no recuerda haber realizado determinados actos o haber emitido una serie de verbalizaciones. En un estado de ira intensa, cualquier individuo puede olvidar ciertas acusaciones; tras un ataque de pánico, pueden haberse borrardo de la memoria fragmentos o secuencias temporales; en una crisis de estrés postraumático, se rompe con la realidad, sintiendo que se está realmente expuesto/a a un peligro vivido con anterioridad… este signo, es un factor que aparece, al igual que la despersonalización, en varias tipologías de trastornos y/o situaciones problemáticas puntuales.

– Absorción: cuando una persona está sumamente concentrada en una tarea, en un pensamiento, en una imagen mental, en una visión externa… puede llegar a desconectarse de la realidad. El ejemplo más simple y común, es el ensimismamiento (“estar en babia”). ¿Un alejamiento temporal de la realidad externa? Sí… ¿atípica? En absoluto…

Teniendo en cuenta que aproximadamente el 97% de pacientes con TID, han experimentado traumas infantiles (Putman et al. 1986), no es extraño que hayan aprendido a utilizar estrategias disociativas para protegerse de un entorno intensamente desagradable y peligroso. Estas tácticas, no son ni más, ni menos, que herramientas de un cerebro que busca sobreponerse y sobrevivir.

Debido a la similitud de síntomas y signos de este trastorno con otros mucho más conocidos y estudiados, algunos/as autores defienden que es un síndrome integrado en otras patologías: Trastorno Bipolar, Trastorno de Personalidad Límite, Trastornos Psicóticos, Trastorno de Pánico… Por otro lado, algunas eminencias del mundo de la psicología y la psiquiatría, no descartan que sea un trastorno (con entidad propia) comórbido a patologías como las anteriormente descritas.

Sea como fuere, y pese a casos tan conocidos como el de Chris Costner (llevado al cine con: “Las Tres Caras de Eva”) o Flora Rheta (adaptando la historia en la película: Sybil), la comunidad científica no ha tenido constancia de la existencia de personalidades múltiples que no se conociesen entre sí. Los estudios de los pacientes no se llevaron a cabo siguiendo el método científico y los psicoanalistas encargados de los casos fueron puestos en entredicho por otros profesionales al creer que podrían haber inducido o guiado a sus clientes. Otra explicación se centró en que era un síndrome de “moda” y los pacientes podrían haber actuado según lo que creían que sus terapeutas esperaban de ellos. De hecho, un dato especialmente curioso es que la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) no reconoció el trastorno hasta la década de los 80, tras la publicación de la película Sybil. Esta incorporación fue debida al incremento de nuevos casos de TID en Estados Unidos, que pasó unos 50 descritos a ascender en más de 40.000 en un espacio breve de tiempo (tras el estreno y la popularidad del film). Este suceso, sumado al hecho de que este trastorno sólo se haya descrito en sociedades occidentales, apoya la teoría de muchos profesionales de la salud mental, que defienden que algunas manifestaciones son un producto cultural, asociado al morbo y a la fama de unos pocos casos desvirtuados y mal tratados. No niegan que exista el TID, sino que se declaran en contra de que existan múltiples personalidades desconocidas entre sí.

Michelle Stevens decidió salir a contar que sufre un trastorno disociativo, pero que nada tiene que ver con la imagen proyectada por el protagonista de la película; ella no es una asesina, no roba y nunca ha secuestrado a nadie… tampoco tiene personalidades que no se conocen entre sí, sino que posee diferentes formas de sentir y actuar, de pensar y afrontar… son diversas personalidades, pero las conoce… Sí disocia la realidad, pero sabe quién es… En definitiva, pudo haber elegido la autodestrucción, pero optó por afrontar su trastorno y ayudar a otros/as a convivir con él; Esta heroína no lleva capa y espada, pero tiene el superpoder de luchar contra el sufrimiento que provoca el estigma social.

“Creo que los superhéroes, son héroes con defectos, y en sus defectos, hay un sentido…” (Peter Segal).