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A continuación, se aportan pautas de actuación durante la intervención psicoeducativa con niños/as:

Ser consciente: en primer lugar, hemos de ser conscientes de que los niños/as que acuden a intervención psicoeducativa tienen unas necesidades especiales, de las cuales derivan determinadas conductas, por ejemplo: un niño/a con TDHA mixto, necesitará un tiempo mayor para integrar en su repertorio conductual las normas básicas en el aula a causa de su impulsividad (p.ej. levantar la mano antes de hablar) y será preciso repetirle con constancia las reglas de las actividades debido al déficit atencional.

 

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Establecer normas de comunicación: pautar las reglas de comunicación en el aula es fundamental: cómo se va a proceder a dar la palabra a cada niño/a (p.ej. levantando la mano), cuándo está permitido entablar conversaciones (p.ej. cinco minutos antes comenzar las actividades y una vez finalizadas las mismas, se dedica un tiempo determinado a jugar y charlar animadamente). Los niños/as necesitan saber cómo comportarse, lo que les proporciona sensación de seguridad (conocen qué y cómo se procede en el aula, esto es, qué se espera de ellos). También es importante especificar con claridad las consecuencias de la infracción de las normas (p.ej. si no se levanta la mano antes de hablar, el profesional no responderá las dudas que plantea el niño/a, le repetirá la norma y esperará a que se cumpla para prestarle atención).

Comunicar según la edad mental: es importante conocer las etapas del desarrollo cognitivo por las que atraviesan los niños/as y adecuarse a las mismas a la hora de comunicarse con ellos/as. En general, tienen un pensamiento más concreto que los adultos, por lo que la forma más efectiva de comunicarse es emitiendo mensajes, sencillos y concretos. El profesional se adecuará a la edad mental, no a la cronológica.kids-1093758_1920

Mantener el autocontrol: en determinadas ocasiones (y especialmente durante las primeras sesiones) el niño/a tantea al profesional para saber hasta dónde puede llegar con este (pone a prueba los límites). Desde el primer contacto con el/la menor, el experto ha de trasladar y clarificar las normas en el aula, explicándole que en las dos primeras sesiones se dedica un rato especial para ir conociéndose pero que, tras esas dos sesiones, se incorporará al ritmo de los demás (teniendo en cuenta que los niños se dividen según niveles y dificultades encontradas). Si el niño/a conoce las normas, es más difícil que pruebe los límites. Sin embargo, ante determinados trastornos de conducta, han de emplearse técnicas de modificación de conducta teniendo en cuenta el nivel de efectividad, el trastorno y los objetivos a corto y largo plazo: p.ej. aplicar el tiempo fuera si el niño no respeta el turno de sus compañeros durante el juego. Cuando se aplican estas técnicas, lo más importante es mantener la serenidad y nunca, bajo ningún concepto, amenazar al menor.

 

 

Manejo de la ira: algunos trastornos pueden conllevar conductas agresivas por parte del niño/a. En estos casos es necesario mantener la calma, intentar que el menor se relaje y, si no se consigue y aumenta el enfado, saber reconocer cuando el nivel de la ira es tan elevado que el niño/a se encuentra “secuestrado emocionalmente” y será una pérdida de tiempo tratar de razonar con él/ella hasta que no se rebaje el nivel emocional; en este último caso, la prioridad es evitar que se haga daño a sí mismo/a o a los demás (si es necesario, haciendo de barrera entre el niño y el objeto o persona). Es importante no hablarle demasiado mientras no se tranquilice. Aquí puede utilizarse la técnica del disco rayado, repitiendo constantemente la frase: si me gritas no puedo entenderte, si me hablas más bajito puedo escucharte y saber qué es lo que quieres. En cuanto el niño/a comienza a calmarse, se “abre la puerta” de la comunicación efectiva; ponerse de cuclillas mientras se habla con el niño/a, hará que el adulto parezca menos “amenazante” (se sentirá menos indefenso) y existirá un mayor contacto ocular (lo que aumenta la sensación de cercanía y comprensión).

Reforzar positivamente: es imprescindible gratificar al niño/a cada vez que realice una conducta considerada positiva según los objetivos terapéuticos. Es importante reforzar socialmente cada pequeño paso que guíe al menor hacia los objetivos conductuales a corto plazo, lo que, a su vez, mejora la alianza terapéutica con el mismo.