Publicado por & archivado en Artículos.

Dos de las necesidades básicas más intensas y placenteras son la comida y el sexo ¿por qué no juntar ambas necesidades?

Nuestros antepasados creían que determinadas sustancias aumentaban el deseo y la capacidad sexual. Entre los supuestos afrodisíacos se encontraban: cuernos de rinoceronte, macerado de testículos de tigre, pócimas a base de sangre menstrual, orina de yegua preñada, tomates, lentejas, espárragos, garbanzos, ostras, pimienta de canela, etc…

Cuando se escucha la palabra “afrodisíaco”, las personas se suelen imaginar: chocolate, fresas, vainilla, canela… pero ¿qué es exactamente un afrodisíaco? La respuesta (no así su hallazgo) es simple: una “sustancia que incrementa el deseo sexual”.

comida-afrodisiaca

 

El término deriva de la diosa helena del amor, Afrodita: divinidad relacionada con la fecundidad, la energía primaveral y la satisfacción sexual; El afrodisíaco ideal es aquel que mejora la respuesta sexual (deseo, excitación, meseta, orgasmo y resolución) sin afectar a otras funciones del organismo. ¿Existe esa sustancia? Para disgusto de muchos/as, el afrodisíaco “ideal” aún se encuentra por descubrir.

Los medios de comunicación y el boca a boca generacional han asociado la respuesta sexual a determinados productos comestibles, pero la ciencia ha demostrado que se trata de un falso mito (muy extendido); Además, las investigaciones han demostrado que los pocos afrodisíacos que potencian la respuesta sexual tienen contraindicaciones para la salud, y lo que realmente consiguen es lo siguiente:

a) Algunos productos químicos mejoran determinados aspectos de la respuesta sexual humana; lo más común es que aumenten la capacidad vasodilatadora de los genitales (p.ej. la erección es de mayor intensidad, se favorece la lubricación y erección del clítoris…)

Estas respuestas son fisiológicas, pero no sirven de nada si no existe un deseo previo que genere excitación. Activan el sistema nervioso, al igual que sucede cuando se ingirieren otras sustancias, como por ejemplo: un redbull, un té, un café… si la persona no se siente motivada para intimar con su pareja los afrodisíacos no sirven de nada.

b) los afrodisíacos y el factor psicológico: la idea de que ciertos productos producen apetencia sexual está tan arraigada que si una pareja utiliza las fresas con chocolate previamente al inicio de la relación sexual, la excitación será más intensa porque estarán convencidos de que la sustancia está haciéndoles efecto (y así es, sólo que el efecto se “apellida” placebo).

En un estudio se administró placebo (una pastilla de azúcar) a una serie de participantes, comunicándoles previamente que la sustancia que querían estudiar era afrodisíaca (posibilidad de sugestión). El resultado fue que después de media hora la mayor parte de los participantes estaban teniendo una erección que asociaban al efecto del fármaco.

Sin embargo, determinados “afrodisíacos” producen cierta mejoría en la respuesta sexual; Los más utilizados (algunos continúan empleándose actualmente) fueron:

Yohimbina: obtenida de la corteza del árbol africano Yohimbe, fomenta la actividad motora y aumenta la tensión arterial, por lo que potencia la “fuerza” de la erección, pero su efecto puede ser perjudicial ya que suele producir: arritmias, hipertensión, ataques de pánico… debido a que acelera el sistema nervioso.

Damiana: esta es la sustancia que más se asemeja al afrodisíaco ideal: incrementa la excitación sexual y ayuda a despertar (parcialmente) el apetito erógeno. Se sigue empleando hoy en día debido a que su efecto es rápido (media hora) y es un producto natural. Hay que tener cuidado en no excederse con la dosis, porque tiene compuestos similares al cianuro.

Cantarida: era la “madre de los afrodisíacos” (la viagra de nuestros antepasados) y también uno de los más peligrosos. Se utilizó hasta el siglo XVII. Es un escarabajo verde metalizado que contiene un alcaloide denominado cantaridina, que en dosis controladas produce la erección espontánea del pene; pero la contraindicación reside en sus efectos secundarios, ya que éstaerección solía ser dolorosa y se prolongaba en exceso.

Chocolate: El cacao era la bebida sagrada de la diosa azteca Xochiquetzal (diosa de la fertilidad). Se importó de América junto con su leyenda de potente afrodisíaco. Aunque el chocolate no genera deseo sexual, posee un aminoácido llamado triptófano que es precursor de la serotonina (el neurotransmisor que regula el humor y el placer), por lo que su consumo mejora el estado de ánimo y, consecuentemente, aumenta la predisposición a mantener relaciones sexuales.

Vainilla: esta orquídea se hizo famosa como afrodisíaco gracias a una amante de Luis XV, el cual se decía que estaba hechizado por los postres que Madame Pompadour(su amante) le preparaba (le conquistó por el estómago, ¡todo un clásico!).

Como se puede comprobar, muchas de las sustancias consideradas afrodisíacas tienen su origen en leyendas que las relacionaban con el sexo (las cuales han sobrevivido hasta nuestros días). Sin embargo, existen otros alimentos que tienen las mismas propiedades estimulantes pero no han sido vinculadas con la excitación sexual. Esto refleja la importancia que poseen los factores psicológicos y culturales en nuestras creencias sexuales.

“La imaginación es el mejor afrodisíaco” (Daína Chaviano).