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En numerosas ocasiones hemos expuesto nuestro malestar ante la manifestación de determinadas emociones, así como también hemos escuchado a terceros hacer lo propio, esto es, quejarse de su: tristeza, ira, decepción…

Pero lo que pocas personas se detienen a analizar, es que sin ellas tendríamos una ceguera interna que no nos permitiría adaptarnos a la sociedad en la que vivimos.

Según la Real Academia Española, una Emoción es una alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa que va acompañada de cierta conmoción somática.

 

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Los seres humanos contamos con dos tipos de emociones: primarias y secundarias.

Las emociones primarias son el resultado de un hito evolutivo, son las emociones base: alegría, ira, tristeza, miedo, sorpresa y asco.

Las emociones secundarias, serían todas aquellas emociones primarias que se encuentran mezcladas, esto es, interaccionan juntas; por ejemplo: la decepción es con frecuencia una mezcla en distintos grados de las emociones “ira” y “tristeza”: nos sentimos enfadados/as en mayor o menor medida con la persona, y tristes porque nos ha fallado en algún aspecto importante para nosotros/as.

En este artículo, vamos a dilucidar qué motivo evolutivo se encuentra detrás de las principales emociones primarias:

Alegría: tiene dos funciones de vital importancia: reproductora y sociabilizadora. Gracias a esta emoción, podemos resultar atractivos/as a los ojos de nuestros semejantes, lo que aumenta la probabilidad de reproducir la especie. Por otro lado, es una emoción que facilita crear nuevos vínculos con desconocidos, incorporándolos a nuestro grupo de apoyo, o mantener los lazos afectivos existentes (indispensable para la supervivencia del ser humano).

Tristeza: su función principal es readaptarse a la pérdida, sea esta consecuencia de un fallecimiento, una decepción, una pérdida de un objeto valioso, etc. Es una emoción fundamental para que nuestro cerebro procese la ausencia de ese “algo” que ya no está, y evitarla supondrá una inadaptación que mantendrá ese sentimiento o bien latente o bien a flor de piel.

Miedo: esta emoción evita que nos extingamos. Cuando prevemos o nos encontramos inmersos ante un peligro, nos imaginamos cómo lo resolveremos, y si debemos evitarlo o huir. Es una señal de alarma (nuestra sirena interna) que nos avisa de que algo no está bien y que sucederá una fatalidad si no actuamos en consecuencia.

Asco: el asco nos mantiene alejados de cualquier objeto, persona, animal (estímulos) que no soportamos. Tiene la función de dirigirnos hacia otro lugar donde ese estímulo no esté presente. Nos moviliza y nos indica que algo o alguien nos disgusta profundamente.

Ira: cuando nos enfadamos, en realidad, estamos generando un determinado nivel de esta emoción primaria . Su función es la de atacar, sobrevivir mediante la lucha verbal o física.

Este resumen evidencia que no existen emociones “negativas”, sino que todas forman parte del motor de la supervivencia humana. Sin embargo, si se produce algún tipo de desequilibrio en los neurotransmisores cerebrales, es probable que determinadas emociones primarias se desregulen, y es ahí donde la labor de la psicología y la psiquiatría cobran fuerza como generadoras de cambio o guías a través de la cuales retornar al equilibrio anímico.