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La primera definición que aparece en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE) es “combate, lucha, pelea” y la cuarta “problema, cuestión, materia de discusión”. Ambas son ciertas, pero: ¿qué es lo que diferencia un encarnizado enfrentamiento de una materia de discusión?

Los conflictos son inevitables, la diferencia principal radica en cómo uno/a se enfrenta a los mismos. Existen diversos aspectos que contribuyen tanto a generar como a resolver los conflictos interpersonales:

 

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Barreras físicas: el ruido, la distancia entre el emisor y el receptor o, incluso, el medio de comunicación (llamada telefónica, whatsapp, chat…) pueden derivar en una mala comprensión del mensaje que se quiere transmitir a la otra persona.

Barreras semánticas: sabemos que una palabra puede tener varios significados (polisémica), pero debemos ser conscientes que aún empleando determinados términos con una definición específica, estos siempre serán interpretados dentro de un contexto superior: el sentido de la frase (si es negativo o positivo: “no me gusta lo que estás haciendo…” Vs “Me gustaría que hicieras…”), el contexto (si se tiene prisa Vs se está trabajando Vs disfrutando del tiempo de ocio…), utilizar ser o estar (¡Qué despistado eres! Vs ¡Hoy estás despistado!) pero, sobre todo, ser específico o divagar (Decir “tú decides, me da igual” puede ser interpretado literalmente o como una muestra encubierta de enfado Vs “pues preferiría hacer esto…”).

Barreras psicológicas: los seres humanos interpretamos nuestro mundo en base a experiencias previas tanto directas como vicarias (observadas); cuando una persona ha tenido determinadas vivencias, es probable que, ante la falta de concreción, interprete el mensaje comunicado recurriendo, consciente o inconscientemente, a pensamientos y emociones del pasado, lo cual puede derivar en una mala interpretación del mensaje. Por ejemplo: si alguien ha sido abandonado/a por su expareja, puede interpretar erróneamente la frase “me apetece quedar con mis amigos/as esta tarde, sin las parejas de ninguno/a” como “me estoy cansando de hacer cosas contigo”, cuando en realidad, no tiene porqué ser así. Una aclaración inmediata es fundamental para evitar malos entendidos.

Estados emocionales: el mismo mensaje no se recibe de la misma forma si proviene de una persona que resulta desagradable Vs de un allegado al que se le tiene cariño; ni tampoco se interpreta igual cuando uno/a está triste Vs cuando se está alegre.

Pautas para resolver un conflicto interpersonal:

Evitar distracciones: alejar posibles interrupciones (móvil, televisión, radio…) que puedan suponer un estorbo e incluso dar lugar a un nuevo conflicto.

Ser directo/a pero con tacto: no dar demasiados rodeos; pensar previamente cómo se va a esclarecer la situación en beneficio de la solución.

Proveer de feedback a la otra persona: entender y transmitir el punto de vista del semejante (clarificar que comprendemos cómo se sintió al malinterpretar un determinado mensaje) hará que la persona esté más receptiva a escuchar y a atender a la exposición. .

Elegir el momento adecuado: evitar tratar de resolver el conflicto cuando están presentes otras circunstancias que al involucrado/a le generan estrés, tensión, incomodidad o preocupación (p.ej. prisas de última hora antes de irse de vacaciones). Es preferible esperar a que la persona esté calmada y sea más accesible al intercambio comunicacional.

No prejuzgar, adivinar o suponer: esto podría conllevar una escalada del conflicto o generar uno nuevo. Los términos han de ser claros y concisos, explicando minuciosamente el porqué se ha llegado a esa situación.

Mantener una actitud positiva: intentar resolver el conflicto desde la convicción de imposibilidad o una disposición negativa, suele derivar en una “profecía autocumplida” que dificulta la reconciliación.

No Mentir: si se miente para resolver un conflicto generado por un malentendido, es probable que si se descubre el engaño, la otra persona pierda la confianza y comience a malinterpretar con asiduidad las acciones y verbalizaciones del otro/a.

Presentes las partes implicadas: no discutir delante de personas que no forman parte del conflicto.

Dialogar: no levantar la voz, mantener la calma y tratar de ser paciente.

Aclaración: pedir al otro/a que pregunte las dudas que le vayan surgiendo respecto a la actuación de uno/a antes y durante el conflicto.

“Los problemas y los conflictos forman parte inevitable de la vida y de la convivencia, lo importante es nuestra actitud al asumirlos y nuestra habilidad para resolverlos” (anónimo).