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Se puede entender el desconcierto de una parte de nuestra sociedad ante los profundos cambios que se están produciendo. Hace no muchos años, ante la separación de una pareja por adulterio, era “evidente” que el progenitor adúltero no podía proporcionar un entorno aceptable para la educación de sus hijos. Hoy, sin embargo, pensamos que la fidelidad conyugal no determina la capacidad o competencia de un progenitor para educar y criar a sus hijos.

También se daba por supuesto que, en los casos de padres separados, las dificultades escolares o los problemas de conducta de los hijos, estaban directamente relacionados con esa situación. Hoy sabemos que uno de los factores que más incide en este tipo de dificultades son precisamente los conflictos entre los padres, aunque no haya separación ni divorcio.

En España se encarcelaba a los homosexuales, y se ha mantenido durante mucho tiempo la falsa creencia de que se trataba de una enfermedad mental. Algunas personas siguen sin aceptar la libertad de otros seres humanos para elegir orientaciones sexuales diferentes a las suyas, y mantienen posiciones con pretensión científica, que tratan de fundamentar la exclusión de las parejas homosexuales de los procedimientos de adopción, apoyándose generalmente en razonamientos a los que han llegado tomando como referencia argumentos imparciales, inconsistentes, apriorísticos, y pseudocientíficos en algunos casos, o que se basan en meras generalidades en otros. Pero que objetivamente están sirviendo de sostén a las posiciones basadas en juicios previos de carácter moral o religioso.

Estas posiciones coinciden en sostener la “incapacidad” o “limitación” de las parejas homosexuales, para la adopción de menores.

Por un lado están los que sostienen que las parejas homosexuales tenderían a ser más inestables, con dificultades para la integración social, mayor prevalencia de la homosexualidad en sus hijos y existencia de problemas añadidos en la adaptación del niño o niña a su nueva familia. A este posicionamiento, habría que decir que estos aspectos, que supuestamente los diferencian, forman parte de la valoración que habitualmente se hace, a todas parejas por igual, a lo largo del proceso de determinación de la idoneidad para la adopción. Esa lógica llevaría a impedir que ningún matrimonio, incluidos los heterosexuales, consiguiese una especie de “permiso de paternidad” hasta que la sociedad tuviera la seguridad de que esos progenitores están capacitados para serlo.

Otros abogan por un determinado modelo de familia que tiene más valor y que denominan “natural” y concluyen que las parejas homosexuales presentan “carencias” respecto a ese modelo como puede ser la ausencia de modelos compartidos de padre y madre. Sin embargo, estas mismas personas no plantean estas objeciones en los supuestos de familias monoparentales con padre o madre ausente, o que por diversas razones aun teniendo ambos progenitores, alguno de ellos o los dos, son incapaces de establecer un vínculo afectivo con el hijo.

Por otro lado están quienes, consideran que la homosexualidad implica la existencia de problemas personales y psicológicos, que obviamente se extienden a la pareja y que deberían ser objeto de atención y, en su caso, de tratamiento.

La realidad, sin embargo, es otra; ya que la conclusión de los estudios empíricos, y el análisis de los datos de los investigadores son unánimes:

NO HAY UN SOLO ESTUDIO EMPÍRICO QUE MUESTRE ALGUNA DESVENTAJA EN EL DESARROLLO DE LOS HIJOS DE PAREJAS HOMOSEXUALES

Los estudios e investigaciones realizadas, concluyen que no existen diferencias significativas entre la situación de los niños criados en familias hetero u homosexuales.

Las investigaciones realizadas en España sobre el desarrollo de los hijos de parejas homosexuales, coinciden con los estudios realizados en otros países y que concluyen que:

1) chicos y chicas de familias homoparentales no difieren de los criados con progenitores heterosexuales en ningún área del desarrollo intelectual o de la personalidad (autoestima, ajuste personal, desarrollo moral, etc.).

2) Tampoco difieren en identidad sexual, identidad de género u orientación sexual.

3) Mantienen relaciones normales con sus compañeros y son tan populares entre ellos como los hijos e hijas de padres heterosexuales.

4) Las únicas diferencias encontradas en algunos de estos estudios es que los hijos de familias homoparentales son más flexibles y más dispuestos a aceptar la diversidad entre los seres humanos que los de familias heterosexuales.

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ANTE LA DISYUNTIVA DE ADOPCIÓN O INSTITUCIONALIZACIÓN, SIEMPRE ES ACONSEJABLE LA PRIMERA

Desde mediados del siglo XX se han venido estudiando una serie de fenómenos relacionados con la adopción, de los que se extraen dos conclusiones claras:

Primero, que los seres humanos, aunque tengamos una serie de capacidades previas para interactuar con niños pequeños, aprendemos a ser padres mientras llevamos a cabo nuestras tareas de progenitores, tanto las mujeres como los varones.

Segundo, la relevancia del establecimiento de los primeros vínculos (se establecen en torno a los 7, 8 meses) para el desarrollo humano, nos advierte que: la crianza en Instituciones, sin adultos de referencia que nos proporcionen atención y cariño en interacciones regulares y bien estructuradas, tiene unos efectos muy negativos sobre una gran proporción de niños.

Relacionado con el problema de la adopción, está la cuestión de si pueden establecerse, a edades más tardías, estos vínculos afectivos con otros adultos que no son los padres biológicos. Respecto a este punto, esta demostrado que el vínculo puede también establecerse más tarde aunque se incrementa la probabilidad del síndrome del “carácter sin afecto”. De toso modos, el factor que mejor predice el buen desarrollo de los hijos adoptados es el compromiso sin reserva de los padres.

Los estudios muestran además, que los padres adoptivos son perfectamente capaces de criar bien a sus hijos adoptivos e, incluso, mejor que sus madres biológicas cuando éstas se encuentran en las circunstancias que dan lugar a plantearse la adopción.

Cuando hablamos de adopción, hablamos de niños que tienen ya el infortunio de no ser criados por sus padres. La opción entre vivir en una Institución o ser adoptados por adultos que les quieran no ofrece duda, puesto que desde la psicología sabemos los efectos devastadores que la Institución genera en su desarrollo.

En definitiva, que no hay argumentos o razones científicas que puedan esgrimirse para eliminar o limitar, un espacio de desarrollo y deseo personal, así como las posibilidades para ejercitar el derecho de los menores a crecer en el mejor entorno posible, condenándolos a no poder disfrutar del cuidado y el cariño de los adultos que desean adoptarles.

 

Concepción Cendón Dacosta

Centro Codex